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Criticaron el último discurso de Francisco y la falta de medidas concretas que él mismo había reclamado; el Papa prometió que la Iglesia no encubrirá más casos
OMA.- El Papa cerró ayer la histórica cumbre sobre abusos sexuales de menores volviendo a manifestar su determinación de luchar para erradicar esta "plaga" de la Iglesia Católica. "Si en la Iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso, que representa ya en sí mismo una monstruosidad, ese caso será afrontado con la mayor seriedad", prometió.

Se trata de "crímenes abominables" que hay que "extirpar de la faz de la tierra", dijo Francisco, que comparó los abusos con los "sacrificios de humanos con fines religiosos" e incluso los consideró una "manifestación del espíritu del mal", algo que indignó a las víctimas.


"La Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la Justicia a cualquiera que haya cometido abusos. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso", prometió Francisco, en un discurso que fue criticado por los grupos de sobrevivientes llegados a Roma para el evento. Estos denunciaron que solo había "palabras" y faltaban medidas concretas que el mismo Papa había reclamado al inaugurar el encuentro.

Las víctimas se manifestaron además furiosas ante el hecho de que responsabilizara al diablo de los abusos y consideraron que la gran ausente era la "tolerancia cero", no mencionada en el texto final.

Más allá de la decepción reinante entre las víctimas, el moderador de un evento sin precedente, el padre Federico Lombardi, anunció tres iniciativas concretas que el Vaticano ejecutará en breve: la creación de una task force de expertos que ayudará a las conferencias episcopales y a las diócesis que tienen dificultadas a enfrentar el tema de los abusos; la publicación por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe de un vademécum (manual) que ayudará a los obispos del mundo a comprender claramente qué deben hacer a la hora de enfrentar abusos o encubrimiento, y la promulgación de un nuevo motu proprio del Papa sobre la protección de menores para contrastar los abusos en la curia romana y en la Ciudad del Vaticano, que estará acompañado por una nueva ley y directrices para el Vicariato de la Ciudad del Vaticano sobre el mismo tema. En verdad, sobre esto último el Vaticano trabajaba desde hacía tiempo, ya que no contaba con esta legislación interna que el Comité Defensor de Niños de las Naciones Unidas le reclamaba desde 2014, explicó Lombardi.

El Papa no pronunció el sermón de la misa que celebró junto a 190 altos prelados de todo el mundo, para cerrar la cumbre. El encargado fue el arzobispo de Brisbane, Mark Coleridge, presidente de la Conferencia Episcopal de Australia, país especialmente golpeado por el escándalo de abusos.

"A veces hemos visto a las víctimas como el enemigo y hemos sido nuestro peor enemigo", reconoció Coleridge, en una homilía fuerte pronunciada en la espectacular Sala Regia del Palacio Apostólico del Vaticano. Coleridge resumió el significado que el Vaticano quiere darle a la cumbre al hablar de una "revolución copernicana".

"Descubrir que los abusados no giran en torno a la Iglesia, sino la Iglesia alrededor de ellos. Esta es la conversión necesaria que puede abrir la Iglesia a un nuevo tiempo de misión", auguró.

Discurso
En medio de una enorme expectativa mediática, el Papa habló después de él, una vez terminada la misa. Entonces, pronunció un discurso largo pero tibio, dedicado en gran parte a recordar, con citas de estadísticas de diversos organismos internacionales, que "la gravedad de la plaga de abusos sexuales a menores es por desgracia un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades".

Reconoció luego, sin embargo, que "la universalidad de esta plaga, a la vez que confirma su gravedad en nuestras sociedades, no disminuye su monstruosidad dentro de la Iglesia".

En su intervención final, Francisco destacó también que no se puede comprender el fenómeno de los abusos sexuales a menores sin tomar en consideración el abuso de poder. Recordó que el abuso de poder "está presente en otras formas de abuso de las que son víctimas casi 85 millones de niños olvidados por todos", destacó, al mencionar luego a los niños soldados, prostituidos, malnutridos, secuestrados, víctimas de guerras, refugiados, abortados. Fue justamente para poder explicar semejante "crueldad" que aseguró que los abusos son también una manifestación del "espíritu del mal", de Satanás, fuerza de la que muchas veces habla el exarzobispo de Buenos Aires.

Consciente de que se juega su credibilidad, prometió que la Iglesia utilizará las mejores prácticas formuladas por la Organización Mundial de la Salud y mencionó ocho puntos claves, entre ellos, el acompañamiento de las víctimas, la formación de los candidatos al sacerdocio y la necesidad de verificar las directrices de las conferencias episcopales.

Como era de esperar, el discurso defraudó a los grupos de víctimas. "Hoy el papa Francisco ha dado un guantazo a todas las víctimas que hemos venido de los cinco continentes para exigir explicaciones. Se ha pasado la mitad del discurso hablando de los abusos fuera de la Iglesia. Nosotros hemos sido abusados dentro de la Iglesia y esperábamos una respuesta que Francisco no nos ha dado", dijo a los periodistas Miguel Hurtado, sobreviviente español y vocero de ECA (Ende Clergy Abuse). "El Papa ha intentado externalizar el tema, como que los abusos son parte de la acción del diablo, es algo increíble", agregó.

"El problema de los abusos es que obispos, abades y cardenales, siguiendo las indicaciones del Vaticano, han aplicado a rajatabla un manual de encubrimiento, poniendo la institución por encima de los menores", aseguró. "Si no asumen la responsabilidad de que esto ha pasado por su culpa, por su grandísima culpa, no vamos a ser capaces de solucionar el problema", concluyó. Sus palabras ensombrecieron un evento sin precedente, considerado por el Vaticano, como dijo el arzobispo Coleridge, "el inicio de una revolución copernicana" en cuanto al tema de los abusos.

Por: Elisabetta Piqué

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