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Este martes 1° de enero, en el medio de un fuerte operativo de seguridad, el ultraderechista Jair Bolsonaro asumió la presidencia en Brasil.
Con el general retirado Antonio Hamilton Mourao como vicepresidente, ambos pronunciaron  su “compromiso constitucional” ante el Congreso en Brasilia y realizaron un desfile por varias horas.
Tras ello, pronunció su primer discurso oficial: “Vamos a respetar las religiones, nuestra tradición judeocristiana, combatir la ideología de género conservando nuestros valores. Brasil volverá a ser un país libre de las ataduras ideológicas”.
Jair Bolsonaro llegó junto a su esposa Michelle en un Rolls Royce descapotable, y allí también expresó: “Convoco a cada uno de los congresistas a ayudar en la tarea de libertad definitivamente al país del yugo de la corrupcion, de la violencia, de la sumisión ideológica”. Además, dijo que “Brasil está por encima de todo y Dios por encima de todo” y ratificó su promesa de “cambiar el destino” del país.
Agradeció “a Dios por estar vivo” después de la puñalada que recibió en septiembre antes de las elecciones, y que casi le cuesta muy caro, y cerró que su gabinete “es un equipo técnico sin tendencia política” para indicar que es en esa tendencia que “se generó un Estado corrupto”.
Una de las patas de su gobierno será la lucha contra la inseguridad. En ese sentido, el nuevo mandatario ya propuso una política de “armas para todos” que facilita su compra y el uso por particulares, y autoriza a las fuerzas de seguridad a disparar a matar a los criminales. Cabe recordar que Brasil es un país que en 2017 batió récord de homicidios, con una media de siete por hora.

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