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Racing se adelantó una fecha en Victoria para ser campeón. No falló la Academia en la primera oportunidad que tuvo. La aprovechó con una demostración de aplomo y carácter, más el juego que es capaz de construir cuando sus dinámicos volantes marcan el ritmo.

Festejos de los hinchas en Posadas Misiones

 

A los 36 años, Licha se da el gusto que tanto buscó. Como Diego Milito, volvió de Europa y es campeón. Un título al que le puso su sello con sus goles, su jerarquía, su templanza y su manejo de los momentos, como cuando tomó el toro por las astas después de los porrazos con River.
 
Un gran premio, además, para Eduardo Coudet, que armó un equipo fiel a su estilo, que también lo supo enderezar después de esos golpes y que -salvo excepciones- jamás perdió su esencia. Y así salió a jugar en la cancha de Tigre: con personalidad, presencia, determinación y fútbol. Así se puso 1-0 y así aguantó el embate final del local (más allá del 1-1).
Las atajadas de un internacional como Arias, las trepadas de Selección de Saravia y Mena, la solvencia de Sigali y Donatti, el cerebro del chileno Díaz, la rueda de auxilio de Nery Domínguez, la joyita de Zaracho, la inteligencia y pegada de Pol Fernández, la influencia -vaivenes mediante- de Neri Cardozo, el gol del campeonato -y mucho más- de Augusto Solari, la clase de Cvitanich, el amor propio de Cristaldo y el granito de arena de cada uno para esta consagración.
 
Racing fue por esta vuelta y la consiguió. Le apostó todo y se recuperó de todo (Centurión gate incluido). Lo hizo con una campaña espectacular porque no es fácil ganar 18 partidos sobre 24 en el fútbol argentino (además, acumuló cuatro empates y dos derrotas). Nadie le regaló nada.
 
Racing es un súper campeón.
 
FUENTE: OLE

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