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“(…) su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos, en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros los dos”.

Stephen Albert, uno de los protagonistas del famoso cuento El jardín de senderos que se bifurcan de Jorge Luis Borges relataba así la interpretación que hacía el gran lector argentino, el famoso escritor que ya enunciaba la posibilidad de tiempos paralelos a veces, con las mismas personas y a veces, no. A veces con los mismos destinos y a veces no.

Muchos podemos ser Yu Tsun el otro protagonista de El jardín… El tiempo y la vida corren y las opciones aparecen como en un jardín que tiene varios caminos. Nosotros optamos. En algunas sendas, aparecen algunas personas y algunas acciones. Pero ¿y si fuéramos por el otro camino?, Ese es el planteo.

Borges, al igual que los misioneros, sabía que hay que tomar decisiones para seguir adelante. Y los líderes de esta provincia parecen haber entendido cuál era la opción: El gobernante gestiona para las próximas elecciones. El estadista organiza para las próximas generaciones. Son opciones.

Son senderos que se bifurcan y ahí estamos, eligiendo. En algunos de esos futuros posibles, estamos con una zona aduanera especial que no cayó del cielo.

Poseemos una economía del conocimiento donde las Tecnologías de la Información y el Conocimiento (TICs) son la marca registrada de una región pequeña en geografía y gigante en emprendimientos.

Han sobrevenido tormentas muy difíciles de afrontar, elementos invisibles en el aire (como los famosos Dementors que absorbían la alegría de la gente en Harry Potter), un virus invisible ha atacado a todos los pueblos de la tierra. Pero los gobernantes con mano firme han desplegado una estrategia binaria para enfrentar la pandemia.

El misionero es callado, humilde, manso. Pero no es zonzo ni quiere que lo lleven por delante. Ahí, se retoba. Porque sí. Sabe de otras épocas (en casi todas) en que querían hacer de su territorio una parte de otras provincias o de otras naciones. Pero este mismo misionero, ha sabido recuperar las banderas de Andrés Guacurarí e izarlas bien alto.

Apostar por el futuro, hoy

En 1902, Posadas ya contó gracias al intendente José Blosset con una de las primeras usinas eléctricas del país. Apenas patentada por Thomas Edison en Estados Unidos y ya aquí, la innovación tecnológica se hizo presente. Estaba ahí donde el Cerro Pelón terminaba rumbo a Villa Blosset, justamente. A las diez de la noche, los poderosos motores daban sus últimos estertores y ¡a dormir! O seguir usando el viejo lampiú (lámpara de querosén) o las velas.

Cuando a mediados de 2015, se empezó a hablar de que Misiones apostaba a la tecnología y que habría una Escuela de Robótica y mucho más, no fueron pocos los que pensaron: “Pero qué pretensión, qué se creen estos misioneros”…

Cuando entre Carlos Rovira y Flavia Morales, la gente de Hewlett Packard (HP) e Intel se acercó para apoyar estas iniciativas que no sólo tomaban forma, sino que se plasmaban en una novedosa y primera Escuela de Robótica gratuita del país, ya muchos de esos escépticos comenzaron a mirar con menos recelo y con más admiración lo que se estaba logrando.

Y como lo redondeó el propio líder de la Renovación: “Acá estamos en la vanguardia con el Silicon Misiones. Nadie tiene una cosa como tal, como la Escuela de Robótica".

Entonces si hoy hacemos así, largamos este proceso, Misiones pica en punta. Porque nos fuimos preparando, institucionalmente dimos pasos muy serios. Felizmente, todo esto lo sometimos a la discusión con el pueblo. Por eso la Renovación 5.0 llevaba el ADN de lo innovativo, de la economía del conocimiento, de esta nueva cultura abierta, colaborativa, sinérgica y empática”.

Son las cosas del querer

En una clásica película de fines de los años 80, se combinaban en maravillosas tonadas españolas y acentos argentinos las historias de españoles creativos y bailaores. Ya se sabe que el filme estaba basado en la biografía de Miguel de Molina, un artista malagueño echado por el régimen de Franco y que recalara a fines de los años 50 con significativo éxito en la Argentina.

La canción más famosa de la película se llamaba “Las cosas del querer” y era interpretado maravillosamente por Ángela Molina y Manuel Bandera (quien representaba a Miguel de Molina). Ambos entonaban a una:


“Lo nuestro tiene que ser
Aunque entre el uno y el otro
Levanten una pared
Son las cosas de la vida, son las cosas del querer
No tienen fin ni principio
Ni tiene como ni por qué”

Para el presidente de la Legislatura y titular de la Renovación en Misiones, Carlos Eduardo Rovira, Misiones también padece las cosas del querer.

“La coparticipación, que es una síntesis no solamente económica, sino que es un poquito la escala del amor: cómo te mide la Nación o el país central. Tenés un puntito más, te quiere más; tenés un puntito menos, te quiere menos”.

Clarito ¿verdad?

Pronto vamos a estar cantando todos con Ángela y Manuel. Por eso Misiones salió a pedir una zona aduanera especial. Porque reclamar una recomposición de la coparticipación era tan inútil como intentar ordeñar una vaca muerta.

El síndrome de la manta corta. Las otras provincias dirán que no ¡y, listo! 

“¿Y listo?”, se preguntó el misionero.

Nunca. Nunca jamás.

El traje y lucir bien

Había que buscar alternativas y, como en el sendero borgiano, se eligió un camino que promete prosperidad y una alternativa superadora. Y llegó de la mano de la buena relación del Ejecutivo provincial con el presidente Alberto Fernández. Y se concretó en el Congreso de la Nación.

Ya lo dijo Rovira: en el Parlamento nacional el primer paso está dado. “Pero de ahí queda un largo camino que también tiene que recorrer toda la sociedad misionera. De poder disfrutar muy pronto, el goce de comprar y vender, primero entre nosotros, todo tipo de bienes y servicios sin los impuestos nacionales, que son la principal carga”.

Y si hay que hacer números gruesos, se puede estimar que el precio de productos y servicios para los habitantes de Misiones se abaratarán en un 50 por ciento. Un valor nada despreciable, por cierto.

A veces un ejemplo externo grafica perfectamente el mundo de la política con precisión. Lo hizo Rovira al señalar que la aprobación de la iniciativa misionera en el Congreso nacional es como obtener una corte de tela de exquisitos tejidos y textura. Ahora viene lo mejor. “Ya tenemos la tela, ahora hay que hacer de sastre. Un buen sastre para que entremos todos y no solo sea a medida, sino que luzca bien también”.

Pata y pico, pata y pico

Dicen que Perón tenía una frase acerca de cómo un loro subía una escalera. “Primero una pata, luego el escalón siguiente, enganchaba con el pico y así aseguraba la subida. Luego, otra pata. Y más tarde, otro pico”.

Misiones se destaca porque sus dos figuras en el Ejecutivo son médicos. Y no hay casualidades. Así pudo enfrentarse a la pandemia de un modo ejemplar.

Con sucesivas etapas, se pudo lograr el equilibrio justo: las actividades económicas volvieron, pero no colisionaron con las necesidades sanitarias provenientes de una pandemia expansiva. Primero, la gastronomía; luego los parques turísticos; más tarde, la hotelería y luego los microbuses de media y larga distancia.
Pico y pata. Pico y pata.

Para decirlo en misionero: estrategia binaria en la pandemia: cuidarla economía, el empleo, el comercio, el bolsillo de los misioneros, la obra pública. Durante la pandemia, la provincia inauguró cinco hospitales y, por si fuera poco, el edificio, moderno, ecológico, amigable en lo ambiental del Tribunal de Cuentas viene a constituir la frutilla del postre.

Antes fue el remozado edificio de la Cámara de Representantes, con normas internacionales de certificación.

Para no hablar del poder Judicial, no sólo en lo edilicio con nuevas construcciones sino también con nuevos juzgados, nuevos jueces y magistrados todos llegando al cargo a través de un Consejo de la Magistratura que funciona como un reloj suizo.

Quizá si Borges hubiera conocido más las historias de los pioneros que se hicieron en las picadas de Misiones, hubiera escrito en otro tono El jardín de senderos que se bifurcan. Hubiera dicho algo así como: “mientras macheteaban y macheteaban, iban abriendo senderos en el monte. Eligiendo su destino, esquivando las víboras y espantando con fuego los yaguaretés. Pero siempre eligiendo la opción el trabajo, el esfuerzo y la inteligencia”.