fbpx

En las últimas semanas, el presidente de Brasil ha incrementado su retórica violenta y algunos analistas consideran que no es casualidad ni simple desborde.

Sin pelos en la lengua, desafiante, provocador. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, lleva semanas 'disparando' a diestro y siniestro. "Yo soy así. No tengo estrategia", contestó a un periodista que le preguntó sobre el incremento de la violencia en su retórica. Pero esta batería incendiaria sí tiene un objetivo: monopolizar el debate político.

"En todo momento los medios reproducen lo que Bolsonaro dice sin importar si es o no sensato. Eso es lo más importante para su equipo. Cuando todos están muy preocupados por las declaraciones del presidente, no hay energías para hablar de otras agendas del gobierno como, por ejemplo, la economía", comenta el analista y profesor Creomar de Souza, fundador de Dharma Political Risk and Strategy.

En el equipo del mandatario -explica- hay personas muy capaces que comprenden el juego político, las nuevas herramientas de comunicación en tiempos de internet y la importancia de dominar los 'trending topic'. Algo que quedó patente en las elecciones presidenciales de 2018, cuando gracias al uso de las redes sociales, el exmilitar venció con un partido muy pequeño, pocos recursos y sin poder hacer campaña en la calle debido a una puñalada que recibió en un mitin proselitista.
"Un político de confrontación"
Con un estilo comparado al de su homólogo y admirador, Donald Trump -no por nada es apodado el 'Trump del Trópico'-, el mandatario, que goza de un 33 % de aprobación según las encuestas, no deja títere con cabeza. Lanza dardos que se posicionan en todas las portadas de la jornada y que vuelve a ocupar al día siguiente para explicar por qué dijo tal cosa. Antes de que el panorama se calme, una nueva declaración dinamita los medios y las redes sociales. Así, sucesivamente.

Bolsonaro amenazó al periodista estadounidense Glenn Greenwald con mandarle a prisión por divulgar mensajes comprometedores del ministro Justicia, acusó a la reportera brasileña Miriam Leitao de inventar sus testimonios sobre las torturas sufridas durante la dictadura militar (1964-1985) y calificó de 'idiota' la pregunta de una redactora sobre el helicóptero del Ejército que puso a disposición de su familia para la boda de uno de sus hijos.

También dejó al canciller francés plantado poco antes de su reunión, para aparecer minutos después en las redes sociales con toda naturalidad cortándose el pelo, irritado, según dijo más tarde, porque el diplomático galo se había reunido con las ONG. Toda una provocación al gobierno de Emmanuel Macron, que examina detenidamente las políticas de Brasil antes de ratificar el acuerdo de libre comercio UE-Mercosur.
En una sangrienta semana, tras la muerte de 58 presos en un motín carcelario, mandó un mensaje en el que menospreciaba a los familiares de las víctimas. "Nunca fue un político apaciguado y pacífico, siempre ha sido un político de confrontación. Esto ha sido explotado por su equipo para que, una vez en la presidencia, pudiese expresar su espontaneidad junto a una estrategia de propagar de forma masiva un mensaje en las redes, lo que le da una gran ventaja frente al resto de factores políticos", añade Souza. A su juicio, la narrativa de negación del presidente mantiene la polarización política entre el 'bolsonarismo' y la oposición.

Un extremo con el que concuerda el analista Marco Bastos, para quien el objetivo del equipo de Bolsonaro es mantener al electorado duro alineado tras su liderazgo. "Cuando el gobernador de Sao Paulo João Doria [posible adversario en 2022] se dice en contra de las declaraciones sobre la dictadura, el efecto para el electorado duro de Bolsonaro es 'Doria no es lo suficiente anti Partido de los Trabajadores (PT) [formación de izquierdas, cuyo líder es el encarcelado expresidente Luiz Inácio Lula da Silva]'", sostiene el especialista.

El presidente posiciona su marca -agrega- de manera aún más fuerte como antizquierdista, antiambientalista, antifeminista, y así se posiciona como el único y auténtico anti-PT en el campo de la derecha.
Elecciones municipales de 2020
Las instituciones oficiales también han sido blanco de la cruzada del exmilitar. Bolsonaro dijo que los datos publicados por el Instituto de Investigación Espacial (Inpe) sobre la deforestación de la Amazonía eran mentira y terminó destituyendo a su director. Tampoco consideró que en Brasil se pasa hambre, a pesar de que las cifras apuntan que 5.653 personas fallecieron en 2017 por desnutrición.
Aunque el dardo más envenenado llegó cuando propuso explicar al presidente de la Orden de Abogados de Brasil (OAB), Felipe Santa Cruz, cómo desapareció su padre durante la dictadura, contradiciendo las informaciones oficiales que atestiguan que murió a manos del Estado. Para muchos analistas, Bolsonaro traspasó el límite, pero ¿por qué?.

"Las elecciones municipales de 2020 son un termómetro muy importante para el futuro del presidente tanto en términos de posibilidad de elección, como de una ampliación de su partido político en las bases", comenta Souza. Bajo su punto de vista, el equipo del mandatario ha iniciado una ofensiva narrativa para que las eventuales críticas al gobierno, sobre todo desde el plano económico [el país tiene 13 millones desempleados], sean protegidas gracias a otros temas de reflexión.

Por su parte, Bastos recuerda cómo en las elecciones presidenciales de 2018, al no haber una alternativa al PT, el electorado se volvió hacia Bolsonaro y es, precisamente, esa misma estrategia la que llevan a cabo de cara a 2020. "El juego debe seguir tal cual está", concluye el analista.

Marta Miera

Most Read