La novela en torno a Jorge Sampaoli y su futuro imperfecto al frente de la selección argentina suma capítulos diarios sin horizonte claro a la vista.
Una vez que el lunes la institución rectora del fútbol argentino comunicó que será el propio Sampaoli quien se hará cargo de dirigir al equipo Sub20 que participará en el torneo de L’Alcudia (España), en lo que es evidentemente una degradación en sus funciones, el panorama quedó abierto a especulaciones de todo tipo.

Las preguntas claves son dos: 1) ¿Por qué no renuncia el entrenador nacido en Casilda? 2) ¿Por qué la AFA no toma la decisión de despedirlo?

La respuesta al primer interrogante guarda más relación con su idea de proyecto que con el dinero que cobraría por indemnización, aunque cueste creerlo. Sampaoli fue claro en las charlas que tuvo con Claudio Chiqui Tapia y Daniel Angelici, cuya gestión fue clave para rescatarlo en su día del Sevilla. Les dijo algo así como que la generación de los “históricos” se acabó, que reconstruir llevará tiempo y que es necesario ponerse a trabajar ya mismo porque no se tienen jugadores de primer nivel. Por supuesto, él se ve con fuerzas y capacidad para llevar adelante la reconstrucción. Quiere revancha. Su frase más contundente fue algo así como: “Pueden echarme o me puedo ir, pero ninguna de las dos cosas soluciona nada”.

La disyuntiva está en la base de la respuesta a la segunda cuestión. Al margen de las cuestiones de plata, la AFA no acaba de decidir el cese del técnico que recibió el mutis por el foro de los jugadores tras el Mundial porque no tiene plan B. Sabe que los técnicos soñados –Simeone, Pochettino, eventualmente Gallardo- ni por casualidad dejarían sus actuales equipos para ponerse al hombro la selección en las presentes circunstancias. El resto de los apellidos que se manejan no son considerados de élite. Y este dato, sumado a que los compromisos a mediano plazo solo son amistosos, atempera las urgencias.

Además, Tapia y Angelici no coinciden con los tiempos para manejar la situación. El presidente que tiene su sillón en la calle Viamonte destituiría ya mismo a Sampaoli, el que manda en Brandsen 850 prefiere ir ganando tiempo a la espera que comience la Superliga y la selección desaparezca de las primeras planas.

Lo que pase desde ahora hasta el torneo de L’Alcudia, en todo caso, será una buena medida para calibrar el borroso futuro a corto plazo. En su día, Gerardo Martino abandonó su puesto por falta de jugadores para el sub23 que iba a participar en los Juegos Olímpicos de Río. Los clubes se negaban a cederlos. No es nada improbable que a Sampaoli le ocurra algo parecido. Y en ese caso habrá que prestar atención a su reacción.

En medio de todo este embrollo, los días van pasando y sigue sin haber noticias de Lionel Messi. Los antecedentes indican que no participará de los amistosos previstos para esta temporada, porque ha sido su conducta habitual en los años postMundiales. ¿Qué hará el próximo invierno, cuando llegue la Copa América 2019 que se jugará en Brasil? Es toda una incógnita.

En definitiva, para eso falta casi un año todavía, un lapso estratosférico en el almanaque de un fútbol como el argentino que nunca sabe cómo se va a levantar cada mañana
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