Juega. La presión, juega. Rusia salió desde el primer minuto con esa necesidad de hacerse fuerte ante el rival más débil del grupo. Con Solomov y Dzagoev controlando la pelota y el juego, no necesitó hacer mucho para que llegara el primer gol. En un partido en el que el nivel técnico fue bajo, la falta de sentido para cerrar un centro largo puso a los rusos 1 a 0 con un buen gol de Gazinsky de cabeza.

Si faltaba algo para relajar la historia, era ese gol. Pizzi gritaba y gritaba pero la reacción árabe no iba a llegar. La historia parecía sellada desde ese minuto aunque faltara tanto por jugarse. Sólo los hizo dudar la lesión de Dzagoev que pintaba para figura de la cancha. ¿Arabia? Sin reacción. Alternando algunas ideas cuando Alfaraj la conseguía pero sin llegar.

Aburrido como se hacía el trámite, apareció la mejor jugada colectiva del partido con una mejor resolución técnica individual. La contra salió bien de izquierda a derecha, pique al vacío, centro atrás y un pase que quedó corto. Ahí apareció la clase de Cheryshev. Por algo fue el primer ruso en jugar en el Real Madrid. La levantó con calida con la zurda haciendo seguir de largo al Osama Hawsawi y definió con un zurdazo fuertísimo.

El partido parecía terminado desde el primer gol y éste lo metió en una heladera. Ni siquiera se dio alguna polémica en el área para que debutara el VAR y se viera a Pitana en acción. Algún amague de reacción del lado árabe con dos llegadas perdidas hasta que apareció ese gigante de Dzyuba, con cara de malo de película vieja soviética, y selló una historia que se había acabado antes de empezar.

La fiesta estuvo en los goles.